Las asociaciones que suelen conformar el imaginario social de la vejez son mayormente peyorativas: decrepitud, enfermedad, muerte, caída y claro, el fin. Estos mismos suelen ser también los problemas textuales que atraviesan la vejez en cuanto objeto literario. La discriminación por edad avanzada es precisamente lo que se entiende por “edadismo” (“ageism”) o “viejismo”. Sus efectos son la clausura o la marginalización de las narrativas de las vejeces.

Sin embargo, el núcleo de la cuestión es otro: en los varones se resalta maduración, mientras que en las mujeres envejecimiento. Y esto es consecuencia del “[…] modelo abstracto de mujer aprendido en los libros” con el cual se martiriza la protagonista de “El fantasma de la belleza” de la escritora argentina Hebe Solves. Las mujeres entonces padecemos particularmente los efectos del binomio vejez/juventud-belleza: los esquemas simbólicos tienden a situar la “vejez femenina” como correlato unidireccional de la pérdida de belleza-juventud, un fenómeno evidente en cuanto nos detenemos a pensar cómo la vejez de las mujeres sólo parece narrarse desde el estigma: “Envejece. Lo sabe. Inadvertidamente, minuciosamente, las superficies se contraen, la masa se aprieta a ella misma, la implosión que fue belleza, ajuste, exactitud, se repliega sobre sí hasta secar los vacíos donde el aire y la luz jugaban” (Solves, 2002). Ciertamente, para una mujer, el mejor modo de envejecer es no haciéndolo; basta pensar en el gesto cultural por aplaudir a las ancianas que figuran ser más jóvenes, o a aquellas otras que retienen esa belleza que aparentemente sólo conseguimos entender como sinónimo de juventud. Nace así entonces, entre otras cosas, el menosprecio hacia la sexualidad en la vejez y hacia el cuerpo femenino envejecido; “[ella] aprendía que debía aprender a envejecer aislada, temiendo el roce de los cuerpos”, relata Solves, quien escribió su cuento sobre la pérdida de belleza a sus setenta y dos años de edad, y cuya protagonista es una mujer madura obsesionada por ser “operada, transformada, rejuvenecida” (íbid). 

Resulta tentador plantearnos un problema literario: ¿por qué el fenómeno de la vejez femenina en relación con la pérdida de juventud-belleza no es habitualmente tratado? Podríamos considerar que la literatura, en tanto institución académica “solemne”, no acostumbra trabajar con temáticas populares “triviales”. En efecto, las experiencias culturales relacionadas con el amplio espectro de la apariencia física tienden a ser objeto de desmerecimiento. Sin ir más lejos, la coquetería y la belleza en términos de estética y de atractivo, suelen ser considerados temas intrascendentes; frívolos, de hecho.

¿Es en verdad impracticable tratar la vejez femenina sin controvertirla, es decir, abordarla sin cuestionarla? En ocasiones, algunas voces asumen posiciones más complejas que la mera estigmatización. Un ejemplo de ello es la escritora británica Virginia Woolf (1882-1941), quien introdujo las narrativas de “old ladies” (“señoras mayores”): la señora Dalloway, la señora Ramsay, la señora LaTrobe y la señora Brown. Sin embargo, “¿Por qué continuar […] sólo para acumular años?» (Woolf en Beauvoir, 1970), se preguntaba la autora. Woolf, de hecho, no se permitió envejecer: se cargó de piedras y se ahogó en el río Ouse. “Detesto la dureza de la vejez. La siento venir. Rechino. Estoy agriada” (íbid), escribía en su diario a los cincuenta y ocho años. 

Otro ejemplo es la argentina Marta Lynch (1925-1985), una de las autoras que ha escrito sobre la experiencia de la ancianidad, fenómeno que sin embargo la aterrorizaba, según diversas fuentes (Mucci, 2014): “Sentía que su ciclo estaba terminado, que estaba fea, que ya no la miraban como antes […]. Me contestaba que […] cuando pasan los años, en la mujer todo se hace más difícil de afrontar porque lo único que tiene es su belleza y su capacidad de seducir”, afirmaba el esposo de la escritora (íbid). En efecto, Lynch también sorteó el encuentro con la vejez. “[L]es había dicho a sus hijos que jamás la verían blanca en canas, que era muy sana y su temor mayor era llegar a vieja. Los años pasaban rápido y el cuerpo se caía, a pesar de los esfuerzos de Roberto Zelicovich y José Juri [sus cirujanos plásticos]” (íbid). Como puede notarse, la autora fue mediáticamente retratada como una escritora que acabó con su vida para no permitirse envejecer: “su suicidio fue cubierto por los medios atendiendo más a su parte ‘frívola’ (miedo a la vejez, deterioro físico) que a las cuestiones ‘metafísicas’, que parecerían ser patrimonio exclusivo de los hombres o de escritoras como Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik o Alfonsina Storni, a quienes obviamente jamás se relacionó con la coquetería o las cirugías plásticas [como a Marta Lynch]” (íbid).

Analizar las obras de estas dos últimas autoras en relación a sus biografías, nos advierte el complejo lugar en el que las mujeres modernas se sitúan con respecto a su vejez: no es sencillo afrontar una cultura edadista desde la praxis y la teoría. 

Pero el cambio no es individual, sino colectivo. Ampliar el abanico de figuraciones literarias en torno a las ancianas es indispensable. Y efectivamente la cuestión es pensar en plural, de hecho, pues, el asunto no se trata de pensar una vejez esencializada, sino las vejeces de las mujeres.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

BERMÚDEZ-ARCEO, Viviana. “Marta Lynch: la furiosa devoción”. Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid: Madrid, núm. 46. En línea: «www.ucm.es/info/especulo/numero46/malynch.html».

COHEN AGREST, Diana. “Ser Viejo”. La Nación: Buenos Aires, 14-11-2009. En línea: «www.lanacion.com.ar/cultura/ser-viejo-nid1198011/».

DE BEAUVOIR, Simone (1970). La vejez. Grupo editorial Penguin Random House SA, Debolsillo: Buenos Aires, 2018.

FERNÁNDEZ-VENTURA, Lourdes. La tiranía de la belleza. Las mujeres ante los modelos estéticos. Plaza & Janés Editorial: Barcelona, 2000.

FREIXAS FARRÉ, Anna. “El secreto mejor guardado: la sexualidad de las mujeres mayores”. Política y Sociedad, Universidad Complutense de Madrid: Madrid, vol. 46, núms. 1-2, 2009, pp. 191-203.

MANCINI, Adriana. “Escenas de la vejez”. Zama: Buenos Aires, vol. 3, núm. 3, 2011. En línea: «doi.org/10.34096/zama.a3.n3.5033».

MCKENZIE, Isabel R. “Virginia Woolf on Beauty and Aging”. Womanly Magazine, Brooklyn Arts Council: Brooklyn, núm. 3. En línea: «www.womanlymag.com/words-from-the-wise/2018/11/6/virginia-woolf-on-beauty-and-aging».

MUCCI, Cristina (2000). La señora Lynch. Biografía de una escritora controvertida. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, 2014.

SALVAREZZA, Leopoldo (comp.). 2013. La vejez. Una Mirada gerontológica actual. Buenos Aires: Paidós.

SOLVES, Hebe (2002). “El fantasma de la belleza” en: El fantasma de la belleza y otros cuentos. Böhm cine y la margarita ediciones: Buenos Aires, pp. 41-65.

SONTAG, Susan (1979). “The double standard of aging” en: Williams, J. (Ed.) Psychology of women Quartely. CA Academic Press: San Diego, pp. 462-178.

TRAUTMANN BANKS, Joanne. “The Aging Artist: The Sad but Instructive Case of Virginia Woolf” en: Munson Deats, S. & Tallent Lenker, L. (Eds.) Aging and Identity. A Humanities Perspective. Praeger: Connecticut, 1999, pp. 113-124.

WOLF, Naomi. The Beauty Myth. Harper Collins: Nueva York, 2002.


Emilia Sofía Cotutiu nació en 1997 y es graduada de la licenciatura y del profesorado en Letras por la UBA. Comenzó su investigación sobre la vejez de las mujeres en la literatura de manera autónoma en 2020. No recuerda exactamente cómo inició, pero con los años redescubrió cuentos escritos en su adolescencia, todos protagonizados por ancianos o ancianas.

Formalmente continuó su investigación con su directora Julia Kratje, en el marco de la adscripción 2021-2023 a “Teoría y Estudios Literarios Feministas” (FFyL, UBA), a cargo de la Dra. Laura Antonella Arnés. Actualmente investiga bajo la dirección de la Dra. Tania Diz desde su UBACyT “Feminismo y escritura en la cultura latinoamericana Siglos XX y XXI”.

Su archivo sobre la vejez es aún joven, pero no para de crecer.

Contacto: emiliacotutiu@filo.uba.ar